Después de varios meses de encierro, por fin empezamos a ver la luz y poco a poco vamos retomando la normalidad en nuestras vidas, aunque por desgracia hay algunas cosas que cambiarán para siempre (o al menos durante un rato muuuy largo). Por lo de pronto, en restaurantes, espacios de trabajo y otros espacios públicos será necesario mantener la distancia social y extremar las medidas de limpieza e higiene, así que se acabó lo de repartir besos, abrazos y el compartir litronas y boles de nachos con queso como si no hubiese un mañana.

Por eso, a la hora de plantearnos como pequeños emprendedores o freelances la posibilidad de compartir lugar de trabajo con otras personas (como el típico coworking), es probable que hoy nos lo pensemos varias veces. Y sobre todo teniendo en cuenta que el teletrabajo ha llegado para quedarse, después de su normalización tanto para ocio como para reuniones profesionales durante la etapa más dura de la cuarentena. ¿Para qué voy a molestarme en buscar otro lugar de trabajo si ya tengo mi casa?

Los bárbaros, sin embargo, lo tenemos claro: después de este duro y necesario encierro, imprescindible para salvar vidas, tenemos más ganas que nunca de volver a nuestro club a compartir curro, ilusiones, locuras y vida con el resto de nuestros compañeros. Las razones, si las piensas, son indiscutibles: trabajar desde casa, si bien es perfecto en etapas de nuestras vidas o en momentos puntuales, acaba cansando (y mucho). ¿Por qué? Para empezar, por la cantidad de distracciones que nos vamos a encontrar (Netflix, tareas por hacer, el repartidor que llama… ya tú sabes). Y para continuar, porque puedes acabar convirtiéndote en una especie de ermitaño, que pasa de arreglarse, de seguir un horario, de tener una disciplina de trabajo y de interactuar con nadie más allá de tu familia o el repartidor de pizza. 

Y es que al final relacionarse personalmente con los demás es esencial para el éxito de tu proyecto, palabra de bárbaro: desde nuestra experiencia, no es lo mismo asistir a un webinar de vez en cuando que estar trabajando rodeados de gente creativa, motivada y divertida, con los que podrás no solo intercambiar ideas molonas, sino recibir ánimo en momentos de bajón, celebrar en los momentos de subidón y, sobre todo, generar alianzas, redes y colaboraciones de las que saldrán nuevos clientes y trabajos espectaculares. 

Por supuesto, entendemos tu preocupación sobre el monstruo del Covid. Pero oye, los espacios de trabajo compartido, al igual que la mayoría de empresas, también se están adaptando. ¿Cómo? Pues tratando de convertir estos lugares en espacios sanos, seguros e higiénicos, a través de un montón de posibles medidas, que pasan por reconfiguración del espacio, la disminución de la densidad, la ampliación de zonas de comunes, la intensificación de los servicios de limpieza y la aprobación de normas de convivencia más estrictas, que ponen el acento en respetar las distancias de seguridad y en mantener una higiene cuidada (gel hidroalcohólico y jabón a tutiplén). 

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